sábado, 25 de septiembre de 2010

Análisis del modelo económico peruano.

El modelo peruano

Por: Alfredo Zaiat (economista)

La referencia a otras experiencias económicas es un rasgo visible del establishment doméstico y de ciertos analistas con pretensión de cautivar a auditorios desinformados. En diferentes momentos políticos siempre emerge un país modelo a imitar para aprender de sus supuestas bondades. Esa posición desmerece las capacidades locales de generación de un sendero propio de desarrollo. El esquema de razonamiento es tosco pero convocante en el discurso dominante del espacio público: lo bueno está en el exterior y lo malo se encuentra en el ámbito local. Esa forma tan esquemática de abordar una cuestión complicada, como los modelos de desarrollo, inhibe la posibilidad de analizar la complejidad involucrada. Pese a la presencia de casos fallidos, que en el pasado fueron expuestos como ejemplos, ese enfoque de comparaciones livianas es reiterado por representantes del mundo empresario. Antes era Irlanda y España, que se derrumbaron con la reciente crisis europea y, a nivel regional, Chile, que pese a las mejoras continúa con los peores índices de desigualdad de Latinoamérica. Ahora, la estrella del mercado es Perú.

Un reciente libro del periodista y economista Julio Sevares (Por qué crecieron los países que crecieron de editorial Edhasa) analiza la experiencia de varios países. En general, la sabiduría convencional presenta recetas de aplicación universal con garantía de éxito. La historia demuestra lo contrario, señala Sevares, agregando que las condiciones para impulsar la prosperidad son diversas y no responden a “ninguna receta establecida ni dejan lugar para las fórmulas mágicas”. Cada una de las historias tiene “diferentes dotaciones de recursos, sistema político, ubicación geográfica y cultural”, apunta. La obra de Sevares permite inferir que hay decisiones clave para que un país crezca que no son precisamente las que mencionan los organismos internacionales ni las propuestas de grupos económicos locales. Uno de los denominadores comunes que el autor destaca de esos países fue la existencia de “elites decididas a promover el crecimiento apelando al poder del Estado y a la movilización de las voluntades mediante la promoción de ideales de progreso o de fortalecimiento nacional”.

Esta es una característica ausente en gran parte de la elite local, que hoy se expone en el elogio al modelo peruano para impugnar el sendero de crecimiento argentino. Esto es señalado, entre otros hombres de negocios, por el empresario automotor Cristiano Rattazzi. Cuando se observan las cifras de la macroeconomía de Perú resulta indudable que está transitando un ciclo de crecimiento acelerado y sostenido. Economistas y medios de comunicación de la city hablan del “milagro peruano” y la revista Forbes ubica a Perú entre los primeros lugares de un ranking sobre los mejores países para hacer negocios en América latina. Del mismo modo que la Argentina de la década del noventa, hoy el Perú de Alan García es la niña mimada de las finanzas globales por su política de apertura al capital extranjero y su estrategia neoliberal en materia fiscal y monetaria.

Algunos indicadores sobre la evolución de la economía peruana permiten una comprensión más abarcadora. Las robustas estadísticas de crecimiento que exhibe Perú tienen un motor destacado, con una potencia sólo equivalente al petróleo para Venezuela, en los elevados precios de las materias primas que exporta: minerales, productos agrícolas y de pesca. Cien empresas mineras provenientes de Canadá, Australia, Inglaterra, China, Estados Unidos y Australia operan en Perú. El principal producto de exportación es el oro, con despachos por 4369 millones de dólares en el período enero-julio de este año, y luego le sigue minerales de cobre con 3097 millones de dólares. Esas dos materias primas representan el 40,1 por ciento del total de las exportaciones peruanas.

El especialista Felipe Gálvez Condori publicó en el diario peruano Los Andes “La realidad ficticia: ‘el crecimiento económico del Perú’” la opinión del economista de Harvard Michael Porter, quien señaló que el crecimiento económico del Perú no se ha reflejado en beneficio de la mayoría de la población y que, de cierta forma, este crecimiento es un “espejismo” porque “las cifras en azul proceden del alza de las materias primas”. Gálvez Condori destaca que los problemas económicos y sociales de Perú “siguen siendo la baja productividad, la pésima educación, el deficiente sistema de salud, las debilidades en infraestructura física, la desigualdad social, la aplastante corrupción y el alto nivel de informalidad”. También rescata la opinión del filósofo, sacerdote y teólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino: “Contraviniendo la ley de la gravedad, aquí la economía cuando chorrea, chorrea hacia arriba. Sé que no somos de respetar mucho las leyes, pero al menos la de Newton habría que respetarla”. Para agregar que “se dice que el país crece, pero, ¿cómo están los pobres? Además el país crece porque la riqueza aumenta en quienes ya tenían muchas posesiones. El mundo de los pobres disminuye poco. A veces disminuye el índice de pobreza porque el crecimiento demográfico baja. Ciertas mejoras hay, indudablemente, pero seguimos con un grupo inmenso de pobres”.

Acerca de esa cuestión, la periodista peruana Milagros Salas publicó en “De la euforia oficial a la crítica activista”, en la agencia de noticias Inter Press Service (IPS), que en 1991 Perú registraba 23 por ciento de su población indigente, y en 2008 vivían en esa situación 12,6 por ciento de sus habitantes. En los últimos cuatro años este país redujo la pobreza total a 36,2 por ciento, lo que implica que 3,5 millones de personas dejaron de ser pobres. El Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza (GCAP, en sus siglas en inglés) elaboró un informe paralelo a partir de esas cifras oficiales y, si bien reconoce que Perú avanzó en reducir la indigencia, advierte también que en la población en general hay más hambrientos que dos años atrás y que en las zonas rurales este escenario se compara incluso al de 2004. De acuerdo a ese documento, elaborado por el economista Raúl Mauro, esto se debe a que las familias pobres pueden comprar ahora menos alimentos por la inflación internacional de los productos básicos, principalmente en las zonas más alejadas de la capital. Como en todo proceso político y económico existen matices y claroscuro, y el peruano no escapa a esa regla. Pero cuando el establishment lo muestra como el modelo a imitar encierra el deseo de regresar a las fuentes del neoliberalismo. Dani Rodrik, profesor de Política Económica Internacional en la School of Government de la Universidad de Harvard, ilustró en un documento, con un título nada inocente “Después del neoliberalismo, ¿qué?”, que los “países en desarrollo que han sido exitosos son los que siguieron sus propios lineamientos de política económica”. Rodrik destaca que esas estrategias “no necesariamente sirven para otros países, sino que cada uno debe diseñar senderos de desarrollo particulares”. Transitar ese camino en el debate económico sería más enriquecedor que la insistencia del establishment de castigar la autoestima nacional señalando un modelo de país idílico y, por lo tanto, inexistente sólo con el objetivo de regresar a las fuentes del neoliberalismo. En esa tensión que recorre hoy el escenario político mediático, Sevares ilustra en su libro con que “el atraso no es una maldición histórica, sino el resultado de acciones u omisiones deliberadas de las clases dominantes y, en alguna medida, de las sociedades que las sufren, pero que también las sustentan”.

azaiat@pagina12.com.ar

Fuente: Diario Página 12 (Argentina). Domingo 19 de septiembre del 2010.

Recomendado:

Análisis de la economía peruana por Michael Porter (Harvard Business School).

Neoliberales criollos, revolución capitalista y desnacionalización económica.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Los proyectos mineros y el manejo de recursos hídricos. La agricultura y minería ante la escasez de agua.

La disputa por el agua

El sur del país tiene un potencial minero excepcional por sus reservas de cobre, oro y hierro. Hoy la inversión de este sector supera los 10 mil millones de dólares en Arequipa, Moquegua y Tacna. Pero se trata de una actividad que no es posible desarrollar sin abastecimiento regular de agua, un recurso cada vez más escaso en esta zona del país debido a la disminución dramática de las lluvias. Lo poco que hoy cae del cielo o circula por sus ríos pretende ser reservado por los agricultores para sus cultivos. Las mineras están impacientes. Tienen paralizados dos proyectos claves (Tía María y Quellaveco). ¿Será posible un acuerdo?

Por: Juan Carlos Soto
La República/Arequipa

“Aquí nació Abimael Guzmán”, recuerda un pasajero. El valle de Tambo, en la provincia arequipeña de Islay, no es noticia nacional por los orígenes del líder de Sendero Luminoso. La fiera oposición de sus pobladores a la minería los puso en boca de todos, hasta del presidente García. El testimonio de esa oposición ha quedado en pintas y carteles que se distinguen entre los kilómetros 1049 y 1047 de la Panamericana Sur. La consigna es elocuente: “Agro sí, minas no”.

La neblina se arrastra por la carretera. Típico invierno costero. Islay forma parte de la cabecera del desierto de Atacama, una de las zonas más secas del mundo. Cae una garúa menuda a veces. El valle surge de milagro, del océano rumbo a la cordillera abriéndose paso entre los arenales. Sus once mil hectáreas afincadas en las orillas del río del mismo nombre se irrigan con aguas que nacen en las serranías de Moquegua y Puno y mueren en el mar. En el desierto, a dos kilómetros de los sembríos de arroz, caña de azúcar y otros productos de panllevar, Southern Perú Copper Corporation pretende poner en marcha su proyecto minero Tía María. Son dos yacimientos de cobre (Tía María y La Tapada) para extraer 120 mil toneladas de mineral al año. Los agricultores temen la contaminación y el agotamiento de las fuentes de agua dulce que demandará la mina en sus operaciones.

La pulseada con Southern tuvo episodios dramáticos. Dos audiencias públicas suspendidas a las patadas y paralizaciones que aislaron al sur por bloqueos en la Panamericana. En abril pasado hubo una huelga que solo fue posible levantar con un acuerdo que suspendió las operaciones de la mina hasta que se revise el estudio de impacto ambiental. Pepe Julio Gutiérrez, uno de los promotores de las protestas, denuncia que Southern no respeta la disposición e insiste en actividades que podrían volver a encender la mecha de la confrontación. Algo que es desmentido por la empresa.

Gutiérrez actualmente postula al municipio de Cocachacra por Fuerza Social (el partido de Susana Villarán). Le reprochan haberse aprovechado del conflicto social para lanzar su candidatura. Una crítica extendida a otros dirigentes que alentaron el rechazo al proyecto de Southern y ahora son candidatos.

El tema sensible en Islay es el agua, un recurso escaso en una zona desértica. En tiempos de sequía, Tambo muere de sed. Hace años libraron una disputa con Moquegua por el líquido, región con la que comparten la misma cuenca. Siguen esperando la construcción de una represa prometida por los gobiernos regional y central.

Southern requiere 7 millones de metros cúbicos de agua al año para separar el mineral de la roca estéril. La trasnacional quiso echar mano a una inmensa piscina subterránea alimentada por las malas prácticas de riego del valle. La explotación del acuífero era un arma de doble filo, dice el ambientalista Jesús Gómez Urquizo. “Quemas reservas que podrían explotarse en tiempos de escasez; además es probable que desde allí surjan manantiales del río Tambo”. Después de nadar a contracorriente y con torpeza, Southern, que proyecta invertir 934 millones de dólares, aceptó que el único camino posible es desalinizar el mar.

El vocero de la empresa, Guido Bocchio Carbajal, anunció que la empresa invertirá en una planta de tratamiento cuyo costo asciende a 50 millones de dólares. “No fue un capricho lo del agua del subsuelo; allí hay una inmensa reserva que incluso malogra las tierras por la humedad”, dice.

Condenados por el pasado

Sin embargo, la desconfianza persiste. En Cocachacra, el distrito que forma parte del valle, Raúl Zevallos, un agricultor dedicado hace 58 años a la labranza de la tierra, nos recibe en su casa. “Es imposible una convivencia entre la mina y la agricultura. No solo nos quitarán agua, también dañarán nuestros cultivos”, asegura desde el principio. El especialista Edwin Guzmán explica que esta desconfianza es consecuencia de los pasivos ambientales de Southern. Guzmán recuerda que en décadas pasadas los humos de la fundición de Ilo perjudicaron a Tambo y nunca hubo compensación. También menciona el desastre ecológico en Ite (Tacna), en donde en treinta años depositaron los relaves de las minas Cuajone y Toquepala. Con cargo de conciencia, la empresa recuperó la bahía con programas de mitigación.

En el distrito de Candarave, zona andina de Tacna, Southern explota más de 1,500 litros de agua por segundo para sus minas de Cuajone y Toquepala. El alcalde de esa jurisdicción, Mario Copa, afirma que esta sobreexplotación agotó vertientes naturales y desertificó 27 mil hectáreas de humedales.

Bocchio sostiene que no existe ningún estudio que avale esta tesis. “Son especulaciones de una autoridad en campaña. Que se haga un estudio y se demuestre ello”. Lo cierto es que Candarave, en 1998, eligió su camino. En una consulta vecinal sus habitantes rechazaron mayoritariamente la instalación de nuevos proyectos mineros.

Guzmán no cree que Southern repita estos hechos en Islay. Pero advierte el fracaso rotundo de sus relaciones con la comunidad.

No tuvo tacto para ablandar a la población. Lugareños y autoridades de la zona hablan de maltratos y arrogancia de la empresa.

Quienes se oponen a la minería se aferran a los resultados de una consulta popular en la provincia arequipeña. En esta participó menos de la mitad de la población y todos votaron contra la minería. Southern ha replanteado su relación con Islay e intenta acercarse con programas de capacitación para jóvenes y el proyecto de invertir 27 millones de soles en obras que requiere la provincia. El desenlace está por verse.

Moquegua, otra olla a presión

La semana pasada, cuatro mil manifestantes tomaron la sede del Gobierno Regional de Moquegua e intentaron incendiarlo. Una enardecida reacción para pedir la cabeza de los funcionarios del Proyecto Especial Pasto Grande (PEPG). La razón: haberle entregado la reserva hídrica del río Chincune a la compañía Anglo American Quellaveco.

Dicha empresa explotará un yacimiento cuprífero en la provincia de Torata. Para ello requieren 700 litros por segundo. El río en mención estaba destinado a la II etapa de Pasto Grande, que prevé irrigar las Lomas de Ilo y completar el abastecimiento de agua potable en esa ciudad portuaria. Martín Vizcarra, ex decano del Colegio de Ingenieros, advierte que no son antimineros y que solo le preocupa la disponibilidad hídrica para la agricultura. “A Quellaveco le propusimos una inversión de 25 millones de dólares en una represa de 80 millones de metros de cúbicos; con eso quedaría solucionado el problema”. El pleito llegó a Lima. Allá agricultores y dirigentes moqueguanos pelean para suspender la entrega del recurso a Quellaveco. El último fin de semana dieron un ultimátum: amenazan con protestas si no revocan esa decisión. En un comunicado, la compañía ha mostrado su predisposición al diálogo.

Hace diez años, Quellaveco pugna para conseguir la aprobación de sus estudios de impacto ambiental y la añorada licencia social.

Inicialmente pretendía satisfacer sus necesidades explotando agua subterránea de una cuenca llamada Chilota, pero el Ministerio de Energía y Minas rechazó esa opción para evitar el impacto ambiental en vertientes y bofedales. El yacimiento, en la cuenca del Tambo, requiere una inversión de 2,500 millones de dólares, casi tres veces más que Tía María. En esta misma cuenca hay otros proyectos como Los Calatos y la mina de oro Chucapata. Entre ambos superan los tres mil millones de dólares en inversión. Arequipa no se queda atrás. Se anuncia hallazgos de yacimientos de hierro, cobre y oro en Pampas del Pongo y el Zafranal. La pregunta clave es: ¿habrá suficiente agua para estos proyectos sin ahogar la agricultura? Con la deglaciación de los nevados y la drástica reducción de las lluvias en la sierra sur, la respuesta es obvia.

Es posible una convivencia

Edwin Guzmán
Ambientalista


El potencial minero del sur es fuerte. Sin embargo, hay una disputa por un recurso escaso: el agua. En esta discusión hay dos posiciones radicales. Unos apuestan solo por la minería y en otro bando están los antimineros, quienes piden el retiro de todas las compañías extractivas. La convivencia puede darse entre las dos actividades, pero la minería debe asumir un papel activo. Su preocupación no solo debe centrarse en la búsqueda de los recursos mineros, también del agua que usarán para explotarlo. El ejemplo de Cerro Verde es bueno (uno de los principales productores de cobre en el país). Contribuyó con la construcción de represas en Arequipa y nadie le hizo problemas. La fórmula debe ser: si la mina usa un metro cúbico de agua, debe poner tres metros cúbicos a disposición del agro y del consumo de la población. Es una utopía pedir el retiro de las minas. El canon se ha convertido en una fuente de ingresos para los gobiernos regionales y locales. Deberíamos preocuparnos por los informales, los más grandes contaminadores.

Datos

3,862 denuncios mineros se hicieron en Arequipa hasta abril del 2009. Esta cifra ubica a esta región como la más concesionada para la actividad extractiva.

5,000 millones de soles por canon y regalías recibieron las regiones durante el 2008, año del boom de los metales.

Fuente: Diario La República, suplemento "Domingo". 19 / 09 / 2010.

Recomendado:

La Tía María y la glocalización (Econ. Humberto Campodónico).

sábado, 4 de septiembre de 2010

La ley de pensiones de la seguridad social, el programa más popular en Estados Unidos: entre la continuidad y la privatización.

¿Está moribunda la seguridad social de EE UU?

Por: Carmelo Mesa-Lago
Catedrático de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU).

Acaban de cumplirse 75 años de la promulgación de la ley de pensiones de la seguridad social, el programa más popular en Estados Unidos: basado en la idea de que el Estado debe garantizar la jubilación de todos los trabajadores, beneficia hoy a 43 millones de personas. Este programa está amenazado por un desequilibrio financiero futuro pero, aún más, por un nuevo intento de privatizarlo si los republicanos, aupados por el movimiento ultraconservador Tea Party, ganan la mayoría del Congreso en noviembre.

El informe de la Junta de Gobernadores de la seguridad social de 2010 ratifica que no hay una crisis inminente aunque, por primera vez desde 1983, este año el costo de las pensiones superará al ingreso por cotizaciones, debido a la recesión.

La Junta proyecta que la situación mejorará en 2011-2014, pero empeorará más tarde por el retiro de la generación de baby boomers, que reducirá el ingreso por contribuciones y aumentará los gastos (en 2040 habrá solo dos cotizantes por cada pensionado). Los déficits serán cubiertos por los intereses del fondo hasta 2024 y luego usando las reservas hasta que se acaben en 2037; después, las cotizaciones cubrirán el 75% de las pensiones hasta 2084.

Cuanto más se demore la reforma más costosa será una solución que envuelva varias medidas susceptibles de combinación. Una es subir el tope salarial anual de 85.000 euros para la cotización que favorece al grupo de altos ingresos; la segunda es incrementar el porcentaje de cotización sobre la nómina (un aumento de 1,6% en la cotización actual haría solvente el programa hasta 2084); la tercera es aumentar la edad de jubilación de acuerdo con el ascenso en la esperanza de vida en el momento del retiro, pero ya se está extendiendo gradualmente a 67 años; la cuarta es reducir las prestaciones (la que enfrenta mayor oposición), y una externa al sistema sería legalizar a los inmigrantes que se convertirían en cotizantes, como ocurrió en España.

Las elecciones primarias recién efectuadas no muestran un claro patrón, pero el Tea Party se ha anotado algunas victorias y los expertos vaticinan un bajón en el voto demócrata en noviembre. Irónicamente, las causas son heredadas de la Administración Bush: la crisis que amenaza con regresar, el alto desempleo que no ceja, una caída en la compra de las viviendas y las guerras, a pesar de la retirada planeada por Obama. En vez de apoyar una reforma consensuada bipartidista del sistema público de seguridad social, varios candidatos republicanos ya están desempolvando planes de privatización.

Bush la intentó en 2005, influenciado por el gurú neoliberal José Piñera, autor de la reforma bajo Pinochet, y de think tanks conservadores en EE UU, como el Instituto Cato.

Sabiendo que sería imposible una privatización total, Bush propuso traspasar parte de la cotización sobre la nómina (exceptuando a los trabajadores más viejos) hacia depósitos en cuentas individuales de retiro, como las que existen en nueve países latinoamericanos. Aunque el plan era vago, dicho traspaso provocaría la pérdida de un tercio del ingreso del sistema público, adelantando su desequilibrio y forzando al Gobierno a financiar el déficit. El intento fue derrotado.

Pero la solución radical, deseada por los ultraneoliberales, es el cierre total del sistema público de pensiones, como hicieron Chile, Bolivia, El Salvador, México y la República Dominicana en 1981-2003, generando altísimos costos fiscales. Tras 30 años de privatización en Chile todavía dicho costo es superior al 4% del PIB y se predice será más del 3% en 2040, 60 años después de la reforma. Ello se debe a que al cerrar el sistema público este se queda sin cotizaciones pero con todas las pensiones en curso de pago y con las obligaciones futuras, lo que provoca un déficit inmediato. El Estado carga con ese costo y, además, con la garantía de las pensiones mínimas en el sistema privado y el financiamiento del valor de las cotizaciones aportadas al sistema público por los afiliados que se pasan al privado.

Chile palió el costo fiscal con dos decenios de crecimiento económico sostenido y una prudente política fiscal que generó superávit presupuestario, a más de la inversión de una minoría del fondo privado en títulos de deuda pública. Pero otros países latinoamericanos no adoptaron esas políticas, sufrieron déficit presupuestario y presionaron a las administradoras privadas de pensiones para que invirtieran la gran mayoría del fondo en papeles de deuda pública, quedando a expensas del Gobierno. Así ocurrió en Argentina que, para ayudar al pago de la deuda exterior, cerró el sistema privado en 2008 y pasó sus 9,5 millones de afiliados y 24.000 millones de euros al sistema público, sin adecuadas garantías.

Otro problema de la privatización es que transfiere la responsabilidad del Estado a la persona, porque los fondos en las cuentas individuales se invierten en la Bolsa de valores y quedan sometidos a los vaivenes del mercado. En 2008, el peor año de la crisis financiera global, el valor del fondo privado de Chile cayó un tercio, debido a que buena parte de la cartera estaba invertida en acciones nacionales y emisiones extranjeras, las más afectadas por el desplome bursátil. El fondo chileno ya recuperó lo perdido e incluso excedió el valor precrisis, pero los que se retiraron durante la crisis recibieron una pensión disminuida. Otros países no han sido tan exitosos y la amenazante segunda recesión provocaría otra caída del fondo y de las pensiones.

Obama ha advertido a los privatizadores: "Lucharé con todas mis fuerzas para parar a los que quieren jugar en Wall Street con vuestras pensiones". También ha prometido resolver el desequilibrio futuro de la seguridad social sin privatización, pero para ello necesita en noviembre mantener la mayoría en el Congreso y ganar un segundo mandato. Si el Tea Party y el neoliberalismo triunfasen, sería la "crónica de una muerte anunciada" de la seguridad social.

Fuente: Diario El País. 04/09/2010.


Recomendado:

Surgimiento del Tea Party (Partido del Te).

sábado, 7 de agosto de 2010

"Estados-región" y "ventana de oportunidad" en el Perú actual.

La nueva geografía económica del Perú

En una década, que coincide con una década de democracia, ha aparecido un país nuevo. Como todas las grandes transformaciones, incubado en más tiempo que una década, pero es en ella cuando se ha consolidado y hecho visible.

Hace muchos años, Luis Alberto Sánchez escribió un libro que llamó Perú, retrato de un país adolescente. ¿Es éste país nuevo, otra vez, un país "adolescente", o es uno más maduro? Algunas de sus características serían: Primero, ser un país básicamente urbano, cuya población se concentra en unas diez ciudades principales.

Segundo, un país de crecientes clases medias. Esto es algo que, a mediados de esta década, los estudios del Banco Santander habían señalado para toda América Latina: las clases medias comenzaban a ser más que las clases bajas.

Tercero, a diferencia del pasado, en que el crecimiento se "quedaba" en Lima y lo que se producía en provincias eran "enclaves", ahora el crecimiento se dispersa, se distribuye, y las provincias se tornan económicamente activas. El ejemplo más dinámico es el corredor norte Chimbote-Tumbes.

Kenichi Ohmae fue quien llamó la atención sobre la emergencia de "Estados-región", zonas que eran menos que un Estado-nación pero más que una simple comarca. El ejemplo más llamativo es Guangdong y el delta del río de la Perla, del que forman parte Hong Kong y Macao. Otro es el eje Monterrey-Texas. O el eje que abarca Helsinki en Finlandia (sede de Nokia) hasta Tallinn, en Estonia. O la conexión Vladivostok-Vancouver-Sapporo, que el Financial Times cree que podría ser un "centro neurálgico" del Pacífico.

¿Podría nuestro eje norte crear una sinergia industrial con Manaos? ¿O nuestro sur, con energía suficiente, un polo tetra-nacional que incluya el altiplano boliviano, más Acre y Rondonia en Brasil y, a largo plazo, el norte chileno? ¿Qué necesita, o qué necesitan en general los Estados-región para florecer? Dado que no pueden ser demasiado pequeñas, necesitan una masa crítica de población. Luego, que esa población tenga "pisos" suficientes de educación. Asimismo, caminos, puertos y aeropuertos, que sirvan de "rampas" de entrada y salida de la producción. Conectividad.

Si no tienen esas "infraestructuras", no pueden "despegar". No pueden competir en el mundo. Porque -esto es algo que los líderes locales no perciben siempre- nuestras ciudades no compiten con otras de nuestras ciudades, ni siquiera con las ciudades cercanas de países vecinos. Compiten con el mundo.

Porque el mundo también cambió completamente esta década. En 1990, de una población mundial un poco mayor a los 5 mil millones, menos de mil millones vivían bajo alguna forma de economía "abierta". El 2000, mientras la población había subido a unos 6 mil millones, vivían en economías abiertas por lo menos 4 mil millones, dos tercios del total.

El Perú tiene algunas cartas para esa competencia. Macroeconomía razonable; una economía bastante plana, con múltiples tratados de libre comercio; una inversión familiar en educación que se parece tal vez más al Asia que al resto de América Latina.

¿Pero cómo saltamos de una economía basada tan mayoritariamente en materias primas, a una basada en la industria, la tecnología, la innovación, el conocimiento? Es decir, ¿cómo pasamos de sectores de rendimientos "decrecientes" a sectores de rendimientos "crecientes", sostenibles, y virtualmente sin límites? Producir materias primas no es algo necesariamente nocivo: véase Noruega. Pero por una Noruega, ¿cuántas Nigerias hay, que nadan simultáneamente en petróleo y miseria? ¿O cuántas Zambias, llenas de cobre, y desolación? La nueva geografía económica del Perú podría producir en las provincias zonas extraordinariamente creativas, que agreguen valor agregado a sus recursos naturales. Por ejemplo, siderurgia donde, como en Andahuaylas, haya hierro (y gas cerca). O Petroquímica, donde haya o llegue gas, como en Ilo, Moquegua. O joyería, para no ir más lejos, donde haya oro, como en la sierra de La Libertad. Y muchas otras transformaciones que agreguen valor a la "renta natural".

Eso debería ir sumado a un "escalamiento" de la educación. Muchas ciudades (es el caso de varias del norte) tienen ya muchas universidades, pero necesitan mejorar la educación que dan, a la vez que asociar su oferta educativa a la estructura de producción de sus zonas de influencia. ¿Dónde están los centros de investigación para etanol, o biocombustibles en el norte? Parte del empuje hacia las nuevas direcciones las da, naturalmente, la mano invisible del mercado. Pero los casos exitosos en el mundo muestran que se requiere también una dosis alta de intervención pública, de ser posible en asociación con el sector privado. Requiere una visión, un plan, liderazgo; en otras palabras, requiere política.

Estamos ante una extraordinaria "ventana de oportunidad". En el lado externo, por un lado, con el "tirón" causado por el Asia, que puede prolongarse por lo menos otra década. En el lado interno, por otro, esa ventana está sostenida por una estructura demográfica "joven", situación que, cuando cambia, frena a los países.

En su historia, el Perú perdió, no una sino varias veces, las ventanas de oportunidad que se le presentaron. El guano tal vez sea el ejemplo más patético de ese despilfarro. Por tanto, no podemos asumir que esta vez será diferente. Pero tenemos muchas posibilidades que lo sea. Y que estemos en la víspera de un tránsito a otro nivel de desarrollo.

La geografía económica que aparece es una de las plataformas para consolidar ese futuro, y crear un país más descentralizado, más igual, con más oportunidades para todos.


Fuente: Diario Correo. Domingo 18 de Julio del 2010.

domingo, 23 de mayo de 2010

El modelo económico neoliberal desnacionalizador y el cuestionamiento al razonamiento dicotómico Estado-Mercado.

La economía nacional de mercado (Parte I)

Por: Félix Jiménez
Economista Ph.D. y Profesor Principal de la PUCP.

Es inverosímil que para algunos economistas la crítica al modelo neoliberal peruano sea considerada como un rechazo al mercado, y que los críticos de ese modelo sean calificados como enemigos del mercado. Esta incapacidad de razonar también se revela cuando escuchan hablar de nacionalizar la economía o nacionalizar las actividades estratégicas, es decir, de ponerlas al servicio del interés nacional. El propósito de este artículo es invitar al lector bien intencionado a participar en un debate que trascienda el razonamiento dicotómico Estado-Mercado y despliegue su curiosidad por estudiar los temas del desarrollo.

El modelo económico neoliberal es desnacionalizador

El modelo neoliberal aplicado al Perú desarrolla un circuito económico desnacionalizador. Bastaría señalar que la caída de la tasa de crecimiento de 9.8% en 2008 a 0.9% en 2009, revela la desconexión de nuestra economía con sus mercados internos o su fuerte dependencia con lo que ocurre en el mercado internacional. Esto es historia conocida, pero no parece suficiente. ¿Por qué es desnacionalizador?

Primero, porque la versión neoliberal del modelo exportador aplicado aquí (que es distinta de la versión exportadora de los países del Asia), no considera el desarrollo de los mercados internos. Deja de lado los factores de demanda interna y hace énfasis en el minimalismo estatal, en consonancia con la teoría neoclásica del comercio internacional y del crecimiento económico. Para esta teoría el mercado autorregulado es eficiente, las distorsiones en el mercado son originadas por la intervención del Estado y los países comercian porque tienen distintas especializaciones beneficiándose del comercio si cada uno produce y vende lo que sabe hacer relativamente mejor.

Segundo, porque, a diferencia de lo que ocurrió en los países asiáticos, orienta el desarrollo fuera de los mercados internos, creando en su lugar enclaves que no tienen conexiones con la economía interna y no toma en cuenta los intereses de la comunidad nacional de la sierra y la selva del país.

Tercero, porque su focalización en las exportaciones, dadas las condiciones de las que se parte, genera comportamientos ventajistas en la competencia internacional mediante la supresión de los derechos de los trabajadores, el mantenimiento de salarios reales estancados, la imposición de contratos de estabilidad tributaria que lesionan la soberanía nacional, y la desatención de los costos medioambientales de la explotación de recursos primarios. Piense el lector en Cocachacra, en Majaz, en Bagua o solo en La Oroya; y piense, asimismo, en las exportaciones no tradicionales que basan su competitividad en mano de obra barata y de baja calificación.

Finalmente, porque privilegia las inversiones extranjeras en la actividad primaria exportadora que vende en los mercados externos, en lugar de promover el crecimiento de la demanda interna en consonancia con un aumento diversificado de la oferta productiva. El modelo exportador neoliberal no permite aprovechar internamente los frutos del progreso técnico o los aumentos de la productividad a favor del interés nacional.

La economía nacional de mercado

Hay que “nacionalizar” esta economía. Hay que centrar el desarrollo del país en la expansión de los mercados internos que ya existen y en la creación de otros nuevos, es decir, hay que desarrollar una economía nacional de mercado. Esto no significa autarquía ni estatismo. Significa basar las ganancias de competitividad en aumentos de productividad y no en ventajas absolutas naturales y en el cholo barato. Las ventajas competitivas se logran conectando la economía con la geografía y la demografía, diversificando el aparato productivo para basar estas ventajas en rendimientos a escala con costos unitarios decrecientes que favorece el comercio intraindustrial. Pero también significa institucionalizar políticas de generación de ingresos y demanda interna para sostener el crecimiento.

Hay que construir capacidad productiva industrial, agroindustrial y agropecuaria (oferta), y simultáneamente desarrollar la demanda interna para asegurar el uso de esa capacidad. Además, la demanda interna que se sostiene en el tiempo estimula nuevas inversiones para expandir y diversificar la capacidad productiva. Desde esta perspectiva, las exportaciones son necesarias para solventar las importaciones y hacer sostenible el crecimiento económico; y, en este caso, las ganancias de competitividad están garantizadas por la expansión de los mercados internos.

¿Cómo se construye una economía nacional de mercado?

Primero, facilitando el desarrollo de capacidad empresarial nacional; segundo, desarrollando instituciones y espacios de política para generar establemente demanda interna e ingresos, vinculando el corto con el largo plazo; y, tercero, con un nuevo contrato social que asegure la democracia republicana.

Por razones de espacio solo trataremos el primer punto. La creación de capacidad empresarial nacional está asociada a la expansión de la inversión privada nacional o local; pero esta, a diferencia de la extranjera, enfrenta restricciones de mercado interno, de financiamiento y de capital humano y tecnología. La restricción de mercado se supera con inversión en infraestructura económica y social, a lo largo y ancho del país. La restricción de financiamiento se logra con un mercado de capitales en soles, profundo y líquido, sustentado en un mercado secundario de deuda soberana en soles, a distintos plazos, para generar tasas de referencia para las emisiones privadas. Por último, la restricción de capital humano se logra con una reforma educativa para facilitar la movilidad y adaptabilidad de la mano de obra, con inversión en investigación y desarrollo, y con vínculos institucionales con la industria y las empresas para definir contenidos curriculares que hagan fluido el tránsito hacia el mercado laboral. (Continuará).

Fuente: Diario La República. Dom, 04/04/2010

Recomendados:

La economía nacional de mercado (Parte II)

La Economía nacional (parte III)

La Economía Nacional de Mercado (IIIb)

jueves, 13 de mayo de 2010

El neocolonialismo comercial y el replanteamiento de las relaciones económicas internacionales en los países en desarrollo.

Importancia de la Diplomacia Comercial

Por: Umberto Mazzei (Experto en Relaciones Económicas Internacionales)

En su esencia, el colonialismo es un tema económico: perpetuar un comercio desigual. La independencia es un asunto político: es decidir internamente quien gobierna. Hay casos en que la diferencia entre ambas condiciones es clara, generalmente en las guerras civiles, como en la Revolución Mexicana en que ambos bandos los pertrechaba el mismo proveedor. Soberanía es tal vez el término que mejor describe el control que un gobierno tiene sobre su espacio político y su espacio económico.

El siglo XVII trajo una novedad precursora de la transnacional moderna: la empresa privada colonizadora y soberana. El modelo más exitoso fue la Compañía Inglesa de las Indias Orientales[1] - cuya bandera inspiró la de Estados Unidos – que para fines del siglo XVIII gobernaba lo que ahora son Pakistán, India, Bangladesh y Birmania.

La cosa no ha cambiado, pero hay dos novedades más peligrosas:

1. Que las empresas colonizadoras ya no están asociadas a su país de origen, sino que son carteles empresariales apátridas, que colonizan países – incluyendo sus países originales- a través de sus gobiernos;

2. Que el comercio desigual se está forjando con un nuevo Derecho Internacional Público, negociado en los acuerdos de la OMC y de otros foros internacionales. Lo más peligroso es que hay que conocer bien los temas técnicos, por que una de las reglas es que quien calla consiente. No es que se pueda escapar, porque se aceptó jugar con esas reglas y hay 153 países comprometidos.


La carnada fue prometer dar más espacio en los mercados desarrollados a las exportaciones del Mundo en Desarrollo. Esa máscara cayó. El objetivo ahora es reducir el espacio en política económica para enriquecer carteles cuya patria y motor es una codicia universal.

Codicia practicada como religión a beneficio tribal, monoteísta y universal. Su Dios es el Mercado, invisible y vengativo, del que se manipulan favores. Su Misterio de buscar siempre el monopolio bajo el dogma de la libre competencia. Promete un paraíso de riqueza infinita para los elegidos y un infierno de pobreza para los demás. Como señaló el culto emperador Giuliano (361 -363), hay “Aquellos que con los estólidos hacen negocios redondos[2]”.

Contraste entre nacional e internacional

Lo llamativo de los acuerdos y propuestas sobre comercio internacional es que tratan menos del intercambio externo, que sobre la reducción de espacios para política económica interna. Justo cuando esta crisis comprueba la necesidad de conservar la libertad de hacer políticas y normas según las necesidades nacionales. Los resultados están a la vista.

El desmantelamiento de leyes y reglamentos internos sobre el sector financiero suscrito en el Acuerdo General sobre Comercio de Servicios – AGCS /GATS- y en los Tratados de Libre Comercio – TLCs- son la causa principal de que los productos financieros venenosos de Wall Street circularan hasta alcanzar la proporción de fraude mundial. Esta crisis – porque sigue- también evidencia lo vulnerable que son los países que desmantelaron sus protecciones y que ahora dependen del mercado mundial para sus necesidades básicas, como la alimentación.

Por es necesario que los países que aún tienen economías libres o buscan salir de la tiranía de los carteles transnacionales conozcan la economía internacional, los objetivos, las estrategias, las tácticas, la mecánica y sus instrumentos. Es una ciencia escasa en los países con pasado colonial, porque siglos de monopolios coloniales y una emancipación bajo elites neo-coloniales, no les ha dejado desarrollarla. La soberanía se refiere al concierto internacional, donde la economía y más precisamente el comercio, son los motores desde tiempo inmemorial.

Soberanía es palabra que se declama mucho y se ejerce poco. Su ejercicio es diseñar políticas económicas y sociales nacionales que lleven a un nivel de vida decoroso. Lo que se busca en esas negociaciones internacionales es prolongar la cultura de importar ideas, exportar bienes primarios y proteger la reutilización de la chatarra industrial transnacional. Es hora de formar gente capaz de investigar y desarrollar propuestas adecuadas a las realidades nacionales y distintas a las que se rezan en los conclaves del “Consenso de Washington”.

Academia y formación de equipos

Es necesario investigar, enseñar y divulgar conocimientos sobre las condiciones reales y los temas que se debaten ahora mismo sobre la economía internacional. Los pensadores con visión social de la economía –Sismondi, Marx, List, Polanyi, Pareto, Schumpeter, Leontief, Sonbart, Hirshman, Georgescu, Goodwin- no se mencionan en los cursos académicos. Lo que abunda son las abstracciones de Adam Smith, David Ricardo, la escuela austriaca o la de Chicago. Ninguno de estos últimos sugiere medios para salir de la pobreza – ni siquiera mencionan la educación- pero recomiendan aperturas cómodas para concentrar la riqueza.

Las universidades de los países con gobiernos progresistas deben actualizar sus programas, asumiendo las presentes realidades y explorar tantas buenas ideas abandonadas. Dejemos la pereza académica que copia programas foráneos y usa las mismas láminas 10 años seguidos. Es urgente una preparación moderna de politólogos, economistas, sociólogos, periodistas y demás profesionales en carreras vinculadas directamente a una visión del desarrollo social. Es urgente formar a los funcionarios responsables de la política económica internacional, de las empresas estatales con proyección internacional y ampliar la cultura internacional de los analistas.

Es urgente dotarse de una diplomacia comercial experta en los acuerdos suscritos y en las propuestas, que tenga iniciativa ante las estrategias y tácticas desplegadas para imponer concesiones económicas. Es imprescindible un buen dominio del inglés para influenciar y crear coaliciones más allá del límite lingüístico, porque las discusiones en los grupos de negociación (G-20, G-33, etc.) son en inglés y en los círculos multilaterales todo se decide antes de las deliberaciones oficiales, que son las únicas que tienen interpretación simultanea.

El ámbito multilateral

El mundo multilateral tiene dos ambientes muy distintos. El más conocido es la Organización de las Naciones Unidas- ONU- cuya Asamblea General y Consejo de Seguridad tienen sede en Nueva York y la mayor parte de sus otros órganos están en Ginebra. El más popular en la prensa es la Comisión de Derechos Humanos, donde cada año hay el espectáculo grotesco de Estados Unidos – muertos “colaterales”, tortura oficial, invasiones y bloqueos ilegales – que pontifica designando culpables de violación al Derecho Humanitario.

La ONU es el organismo de mayor relevancia política internacional, pero es impotente. Necesita la aprobación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Es el mejor teatro para declamar opiniones y desplegar diplomacia tradicional. A veces se alza sobre sus limitaciones, como cuando Miguel Escoto, Presidente de la Asamblea General, designó una comisión que ha dado un enfoque propio -y más realista que el G-20- a la crisis económica. A pesar del peso político, las condenas y decisiones de la ONU no muerden, sólo en casos de países sin padrinos se aplican sanciones o intervienen los cascos azules.

El otro ambiente multilateral, es de menor resonancia pública y trata de cosas tan concretas como las relaciones económicas internacionales. El organismo más notorio y reciente es la Organización Mundial del Comercio – OMC. Hay organismos de más bajo perfil que también manejan temas económicos. La OMPI maneja Propiedad Intelectual y allí traman las medidas para mantener la exclusividad científica y tecnológica. Otras importantes son la UNCTAD, la Organización Internacional de Trabajo (OIT/ILO) o la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO) donde la gripe porcina (H1N1) evidenció la complicidad con las farmacéuticas. Es notable que todos los organismos con repercusión económica mundial se han venido ubicando en Ginebra … y eso no es casualidad.

La compleja especialidad requerida por las relaciones económicas internacionales, hace que muchos países tengan una misión permanente[3] separada para tratar esos temas. En América Latina pocos países mantienen una sola misión para cubrir todo: Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela. Argentina y Cuba forman a su gente en cursos especiales y tienen equipos muy competentes, que se rotan entre sus cancillerías y sus misiones en Ginebra. Ecuador y Uruguay mantienen en sus misiones expertos muy veteranos que dan continuidad técnica a los cambios políticos. Bolivia, con escasos recursos, defiende sólo posiciones claves, pero con gran vehemencia técnica.

Importancia de tener formación e investigación propia

La partida es entre muchos países pequeños y los carteles internacionales representados por menos países pero con medios muy poderosos. La ventaja de los pequeños es tener la razón, pero hay que conocerla y manejarla con habilidad. Es necesario desarrollar una unidad investigativa y actualizar programas docentes. La compleja novedad y las rápidas maniobras entorno a los temas exigen un seguimiento cercano de los centros de negociación en Ginebra (OMC, UNCTAD, OMPI, etc.) donde se proponen las normas e interpretaciones. Algunas misiones débiles en especialistas o faltas de personal pudieran usar alguna oficina común para apoyo técnico, seguimiento y capacitación “in situ”.

Hay pocos especialistas en Ginebra que no trabajen para los carteles internacionales y organizaciones no gubernamentales-ONG- son sólo un camuflaje de esos mismo intereses. Otras ONGs más genuinas no suelen manejar los temas técnicos y ninguna aborda los de interés específico para América Latina o los del ALBA. Los cursos de los organismos internacionales para los funcionarios de gobierno sirven el interés de quien los paga. La técnica consiste en enseñar ciertos aspectos de los temas y omitir otros.

Un ejemplo es el tema agrícola, vital para tantos países en desarrollo. En los cursos de OMC señalan como obstáculos al comercio agrícola los aranceles, las restricciones cuantitativas y las salvaguardias. Todas son protecciones transparentes para mantener buenos precios al productor nacional utilizadas por el Mundo en Desarrollo. Jamás se señalan los subsidios agrícolas del Mundo Desarrollado que dan falsa competitividad de sus productos y bajan los precios internacionales, para ruina o pobreza de campesinos en ambos mundos, pero que abaratan costos a los complejos agroindustriales. Las simulaciones de negociación sólo tratan rebajas arancelarias, nunca de la reducción de subsidios, que sin embargo es el tema más debatido y que bloquea las negociaciones de la OMC.

Una iniciativa interesante

En marzo, durante el XII Encuentro de Economistas sobre Globalización y Desarrollo, de la Habana, unos ponentes cubanos, españoles y venezolanos, reunidos con gente de la Embajada de Venezuela en Cuba, hablaron de un curso de Diplomacia Comercial. El programa ya existe y cubre la actualidad de la economía internacional, los temas de negociación comercial multilateral y los bilaterales de libre comercio. La duración es de 48 horas en una intensa semana. El curso lo organiza el Centro de Investigaciones sobre la Economía Internacional –CIEI- de la Universidad de la Habana, en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha. Al final emitirán un diploma conjunto de especialista en Diplomacia Comercial.

El primer curso será en la Habana, pero se piensa como un curso itinerante, con un equipo docente que puede desplazarse a otros países, como la asistencia médica cubana. Es un primer paso para curar la crónica falta de iniciativa comercial arrastrada desde la época colonial, cuando la única opción para el comercio internacional era graduarse de contrabandista.

- Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Ha sido profesor en temas económicos internacionales en universidades de Colombia, Venezuela y Guatemala. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.
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[1] English East India Company
[2] Dijo de los obispos cristianos: “Quibus cum stolidis aniculis negotium erat”
[3] Las representaciones nacionales ante organismos internacionales se llaman “misiones permanentes”, pero con la misma jerarquía que las embajadas, que son representaciones ante países específicos.


Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento. 2010-05-07

sábado, 17 de abril de 2010

El síndrome español y americano o "la maldición de Moctezuma".

¿Enfermedad holandesa en el Perú?

Por: Jürgen Schuldt (Economista)

El origen del nombre con que se ha calificado este síndrome proviene de la experiencia específica de Holanda, cuando comenzaron a explotar los ingentes campos de gas natural del Mar del Norte desde principios de los años sesenta. La enorme cantidad de divisas que ingresó por ese concepto afectó notoriamente -para mal- a la competitividad exportadora de sus sectores industriales y agropecuarios, como consecuencia de la creciente sobrevaluación del florín. El término fue plasmado por primera vez por los editores del semanario londinense The Economist (1977) en un artículo titulado "Dutch Disease", entendida como "el contraste -entre la salud externa y el malestar interno- es el síntoma de la 'enfermedad holandesa'". Es decir, la enfermedad holandesa (EH) estaría caracterizada por la paradójica presencia conjunta de una bonanza de la balanza de pagos con la quiebra de las empresas productoras de bienes transables.

Pero esa especie de ponzoña -que, hoy en día, poco tiene de holandesa- se conoce desde hace muchas décadas y hasta siglos atrás. Cuando menos, ha sido palpada desde la época en que la producción española de bienes transables -agrícolas y manufactureros- se vio adversamente afectada por el ingreso masivo de metales preciosos (oro y, especialmente, plata) de sus colonias americanas. Por lo que, muy pertinentemente, hay quienes han señalado que a ese proceso perverso -que, además, probablemente fue el más extendido de la historia- debería denominársele más correctamente como el síndrome español o americano e, incluso, como "la maldición de Moctezuma". Para otras latitudes este mismo fenómeno ha sido calificado de las más diversas maneras, según el país en el que se fraguó. Por ejemplo, en el caso de Colombia, a raíz de boom cafetero, se le ha dado en llamar el "efecto Pambelé", estableciendo un paralelo con el destino de ese gran boxeador que -de la noche a la mañana- se hizo millonario, pero que una vez que dejó los guantes naufragó en la más penosa y aparentemente incomprensible miseria.

Este virus infecta al país exportador de alguna materia prima (petróleo, minerales) a partir de diversas circunstancias, que a veces pueden venir combinadas, a saber: cuando se eleva sustancialmente el precio de su principal producto de exportación o cuando se descubre y explota una nueva y abundante fuente o yacimiento (quantum). Este proceso también puede desatarse por el repentino e inesperado ingreso masivo de divisas por concepto de inversión extranjera directa (caso del Perú en 1995-97), por un auge del turismo (España en los años sesenta y setenta), por remesas de migrantes (Centroamérica) o por flujos abundantes de ayuda externa (África subsahariana). Con lo que, cuando se desata un boom de exportación primaria e ingresan divisas en masse, el exceso de oferta de divisas vis a vis y la demanda llevan a la sobrevaluación de la moneda doméstica respecto a la de los países con los que comercia. Con ello se genera una crisis en los sectores de bienes transables, pero la bonanza del sector transable beneficiado otorga un empuje vertiginoso a la producción de las mercancías no transables (gobierno, transportes, servicios).

El auge, tanto del sector transable beneficiado (en nuestro caso sería la minería), como del de los no transables, generalmente da lugar -por intermedio de complejos fenómenos multiplicadores reales o monetarios- a un acelerado crecimiento económico a pesar de las dificultades por las que atraviesan los demás sectores transables. Este parecería ser el caso peruano, según gran parte de los analistas y de ciertos gremios empresariales, quienes consideran que el sol está sobrevaluado. Los datos sobre el tipo de cambio real (multilateral), con base en 1994, no confirman esta hipótesis ya que el índice promedio se ha ido devaluando 1,9% en 2004, a 0,7% en 2005 y 1,2% en 2006. Lo que quiere decir que en el último trienio se ha materializado una devaluación real del 3,9%.

Pero, como algunos analistas no confían en tales cálculos, en la medida que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) no sería un proxy de los costos de las empresas exportadoras, sería interesante que, por ejemplo, ADEX nos ofrezca un índice de éstos, como lo acaba de presentar el BCR. De acuerdo a éste, utilizando un índice de costos de los insumos de las empresas, la devaluación real habría sido del 9,4% entre enero de 2003 y principios de este año, superior en más de cinco puntos porcentuales al calculado en base al IPC. Lo que se debería al incremento relativo menor de los combustibles en el país y al hecho de que la productividad de los trabajadores creció más que los salarios (véase Gestión de ayer; p. 12).

Al margen de ello, sin embargo, veamos un enfoque alternativo, el de la evolución de los sectores productivos en el Perú durante el año pasado. Para confirmar la existencia de la supuesta sobrevaluación y de la existencia de una enfermedad holandesa, los sectores industrial y agropecuario tendrían que haberse comprimido, mientras que los no transables debieron haberse expandido. Esto último es cierto, ya que éstos se expandieron notablemente: 14,7% la Construcción, 12,1% el Comercio, 8,2% los otros servicios (gobierno y transportes) y 6,9% Electricidad-Agua. Sin embargo, lo que llama la atención, es que los sectores transables -que, se supone, serían golpeados por la sobrevaluación- también hayan crecido en forma notable: el agropecuario al 7,2% y el industrial no primario al 5,7%. Por si quedaran dudas, las exportaciones no tradicionales aumentaron en cerca de 1.000 millones de dólares, equivalentes a un crecimiento del 23%. Dicho sea de paso, la bonanza macroeconómica es tal (en enero de este año el PIB habría crecido al 9,9%), que probablemente hacia el segundo semestre del año en curso el BCR tenga que subir su tasa de interés de referencia si quiere cumplir con su meta explícita de inflación.

De lo anterior se desprende que no sufrimos -por lo menos, aún no- la perniciosa enfermedad holandesa, lo que en importante medida se debe a las afortunadas intervenciones masivas del BCR en el mercado cambiario desde hace varios años. Solo en lo que va del 2007, ya se ha visto obligado a 'recoger' dólares por valor de más de 110 millones a la semana, que vienen siendo parcialmente 'esterilizados' (para evitar la emisión exagerada y, por ende, la inflación) con la venta de certificados de depósito a corto plazo. Que ello también puede contraer otros problemas, no despreciables, ya es harina de otro costal.

Fuente: La Insignia. Marzo del 2007.